Un equipo de la Escuela de Alimentos y de la Escuela de Ingeniería Bioquímica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) desarrolló «Bloodref«. Se trata de una plataforma tecnológica que transforma la sangre de cerdo —subproducto de la industria cárnica— en tres ingredientes de alto valor comercial para el sector alimentario y farmacéutico.
Este desarrollo, denominado por los investigadores como un «ñache biotecnológico», separa los componentes del recurso para darles usos específicos. El primer ingrediente es un concentrado de hemoglobina útil como colorante natural en salchichas, hamburguesas y comida para mascotas, respondiendo a la tendencia de etiquetas limpias (clean label). El segundo es una fracción proteica obtenida del plasma mediante hidrólisis enzimática y separación por membranas, que otorga estabilidad y textura a postres y aderezos. El tercero consiste en péptidos bioactivos que redujeron cerca de un 50% el estrés oxidativo en cultivos celulares.

¿Qué es el ñache biotecnológico?
«Hablamos de un ‘ñache biotecnológico’ porque tomamos un recurso utilizado de una sola forma y, mediante biotecnología, separamos sus componentes para darles aplicaciones de mucho mayor valor», explicó el Dr. Andrés Córdova, director del proyecto y de la Escuela de Alimentos de la PUCV. Además, enfatizó: “No desarrollamos un producto; desarrollamos una plataforma tecnológica capaz de transformar un subproducto de bajo valor en distintos ingredientes especializados”.
Según estimaciones del proyecto, comercializar estos tres ingredientes permitiría multiplicar hasta 15 veces el valor económico actual de la sangre de cerdo. Tras confirmar la actividad antioxidante in vitro, el equipo busca avanzar hacia el escalamiento piloto y la validación regulatoria. No obstante, los expertos precisan que los datos actuales provienen de laboratorio y no determinan aún efectos en animales o personas.
Sobre este proceso, la investigadora postdoctoral Alejandra Arancibia detalló: “A través de cultivos celulares in vitro podemos evaluar su capacidad tóxica, determinar dosis inocuas y analizar su incidencia sobre el estrés oxidativo. Esto nos permite observar su capacidad antioxidante real en una célula viva”.
